Las comillas en este caso sugieren la cercanía del oximorón, quizá como inteligencia militar o silencio atronador.
Leo en este blog este post y no puedo estar más de acuerdo, pero... ¡por favor! No caigamos en la ingenuidad de pensar que lo que ha pasado es evitable. La escena que cuenta, y como ellas las muchas más que suceden sin que nadie las narre, son la esencia misma del coche.
Pretendo argumentar en este post que los conductores, que aunque no lo dice juraría que todos los que pitaron:
- Eran hombres (quiero decir varones)
- Iban solos (uno en cada coche)
- Iban a casa a comer (que el hambre tb nos pone de mala leche)
no podían haber actuado de otra manera. Tenemos prisa, hay que llegar corriendo a los sitios, hacer las cosas rápido, lo más rápido posible, así que un conductor poco hábil que se equivoca de carril no sólo nos molesta sino que pone delante de nosotros nuestra más profunda sombra: "el retraso".
Todos y todas somos torpes [y torpas XD ] aceptémoslo. Corremos sin cesar porque alguien nos ha dicho que "más rápido es mejor". Sin embargo no puedo dejar de pensar que cierta rapidez me recuerda a las prisas que les entran a los futbolistas por marcar cuando el partido va llegando al minuto noventa. Es decir hay una cierta pulsión de hacer más cosas porque-el-tiempo-se-nos-acaba.
Se inventan los coches porque los trenes y los autobuses no son lo suficientemente rápidos, hay que esperarlos, la libertad absoluta, el aislamiento puro en latas de acero.
Y ¿se pretende que esas personas despersonalizadas, encerradas en su mecánica torre de marfil acerado, sientan empatía por alguien que se ha equivocado?
No, de ninguna manera, ¡excomúlguesele!, ¡exclúyasele ipso facto de la comunidad de los elegidos!. Estamos en un mundo yang donde la mera sombra yin de la duda, la equivocación, el lo-siento no tiene cabida.
No le comprenden, no empatizan con él porque no pueden. El modelo automovilístico desde su origen está concebido para fomentar el individualismo y la competencia más atroz.
Mi profesora de autoescuela hace años me contestaba a la pregunta de quien conduce mejor si hombres o mujeres: "¿qué es conducir bien?" Si se trata de ser hábiles, de reaccionar más rápido y mejor a situaciones inesperadas, indudablemente conducen mejor los hombres, la conducción es un tema yang, masculino, pero si hablamos de prudencia, de asumir menos riesgos, de tener menos accidentes, en definitiva de llegar más tarde... pero llegar, entonces son las mujeres quienes conducen mucho mejor".
Igual va siendo hora de revisar nuestra relación fálica con los coches y la conducción y vivir la vida un poco más lentamente al final vas a morir igual.
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Quien teniendo acceso a un tesoro no lo sabe reconocer no se merece disfrutarlo.
La riqueza nos debería volver agradecidos sin embargo en vez de verla como una especie de suerte la consideramos algo a lo que tenemos derecho y nos comportamos con ingratitud y soberbia.
"Nos lo hemos ganado" "Porque yo lo valgo" "Es mio... y de nadie más" "Los demás... que se jodan".
Una vez leí que tras escalar una montaña un alpinista occidental se volvió hacia ella y gritó: "¡Te he derrotado maldita montaña!". Al poco otro oriental que también había coronado la cima se inclino y dijo respetuosamente: "Gracias gran montaña por haberme permitido apoyarme en ti para alcanzar la cumbre".
La carta del Tarot "La Rueda de la Fortuna" nos enseña sobre el Cambio, la fugacidad del éxito y que ello nos tiene que llevar a la humildad y al desapego.
Me acuerdo de la historia del consejero sufí de un Califa que todos los días iba un rato a solas a un cuarto privado del palacio del que solamente él tenía la llave. Los envidiosos empezaron a criticale a sus espaldas ante el Califa "guardará ahí los tesoros de lo que poco a poco te va robando". Tanto insistieron que hicieron dudar al príncipe de los creyentes que mandó derribar la puerta y en la sala no había más que unas babuchas viejas y una chilaba raida y sucia de un color que una vez fue blanco y ahora era entre gris y beige.
"Lamento mucho haber dudado de tí amigo mio, pero, ¿me puedes decir por qué guardas eso en un cuarto y por qué vas a mirarlo todos los días?".
"Muy fácil majestad: para que no se me olvide nunca lo que soy, además guardo la ropa vieja con la que vine por si tengo que volver a ponérmela y marcharme".
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¡Qué incosciente es el ser humano!
"No dejes que esta información caiga en manos equivocadas... sería como poner una pistola cargada en manos de un bebé. ¿Quieres poner una pistola cargada en manos de un bebé?"
Cito de memoria. Este texto me lo envió por email un "amigo" (las comillas significan que a cualquiera que aún no se ha ganado nuestra amistad, ni quizá nosotros tampoco la suya, llamamos alegremente: "amigo", a lo mejor sería más correcto referirnos a estas personas como: "conocidos" o "contactos" si somos snobs).
Lo primero que pensé fue: "¿Otra más? El mundo está lleno lleno de pistolas cargadas en manos de bebés y no sólo pistolas sin armas aún más potentes en manos de gente que evidentemente no tiene la madurez necesaria para disponer de tal poder".
Luego me dió por fijarme en que el bebé probablemente no podría hacer nada con la pistola, hace falta fuerza, bastante fuerza para dispararla.
El Conocimiento, con mayúsculas, está al alcance de mucha gente mas son pocos y pocas quienes tienen la fuerza de llevarlo a cabo. Es decir no sólo conocer sino actuar en consonancia con ese Conocimiento. "Muchos son los llamados y pocos los escogidos".
¿Cuántas veces no hemos sabido con exactitud qué era lo que teníamos que hacer? ¿cuál era el camino correcto?
Sin embargo, ¡Cuán pocas hemos tenido la fuerza o el valor de seguirlo!
)S(